Desarrollo Ontogenético de la Personalidad, Grupo de Edades (1ra Parte)

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El desarrollo psíquico es el proceso mediante el cual el ser humano asimila la experiencia histórico-social de su especie. Es un proceso dialéctico de automovimiento, de ruptura de la continuidad y de saltos hacia escalones superiores. Es un proceso de cambio que conduce a que cada periodo evolutivo nazca lo nuevo y a la vez lo viejo se reestructure sobre una nueva base.

 El concepto que nos permite comprender cómo se produce el desarrollo psíquico es el concepto SITUACIÓN SOCIAL DEL DESARROLLO.


La situación social del desarrollo es aquella combinación especial de los procesos internos del desarrollo y las condiciones externas que es  típico de cada etapa y que condiciona también la dinámica del desarrollo psíquico  durante el correspondiente periodo evolutivo y las nuevas formaciones psicológicas cualitativamente peculiares, que surgen hacia el final de dicho período.

A partir de este concepto se hace necesario aclarar algunos términos.

Lo interno se refiere a las cualidades biológicas y psicológicas del individuo y a las estructuras subjetivas psicológicas con que cuenta (nivel de desarrollo de los procesos psicológicos y de la personalidad en general)

Lo externo se refiere al sistema de influencias que rodea al individuo y que actúa en la configuración de su subjetividad. Lo veremos a través de los sistemas de actividad y comunicación.

Las características peculiares de la comunicación que el sujeto establece con otros resulta esencial  en la asimilación de la experiencia social, y así mismo resulta importante la actividad en la que se enmarca esta relación.

Dentro de todo el sistema de actividad   del individuo en cada etapa hay alguna que se considera como la actividad fundamental o rectora  ya que es la que posibilita que ocurran las transformaciones fundamentales del período; en ella se originan y estructuran  los procesos psíquicos particulares de dicha etapa.

Las neoformaciones o nuevas formaciones psicológicas son los logros desde el punto de vista del desarrollo de los procesos psicológicos que se producen en cada etapa y que permite diferenciarlas cualitativamente.

Las etapas o períodos evolutivos: son los momentos en que se divide el desarrollo psíquico. Son periodos que se comportan de manera similar en todas las personas, aunque esto no es algo rígido, y los cuales se caracterizan por el surgimiento y fortalecimiento o desarrollo de una o varias funciones psíquicas específicas.

El desarrollo es un proceso que posee cierta continuidad, sin embargo la propia dinámica del proceso y las exigencias del medio en que se desenvuelve el individuo hacen que en algunos momentos se produzcan saltos cualitativos en el desarrollo. Así se presentan las crisis del desarrollo que son momentos  de malestar para el individuo, de conflictos con quienes le rodean, pero que indican la existencia de nuevas necesidades que demandan satisfacción. Por lo tanto la existencia de una crisis nos indica que el individuo está listo para adentrarse en una nueva etapa del desarrollo, lo cual es además la vía de solución de la crisis.

Aunque se tiende a ver las crisis como algo negativo, no lo consideramos así pues estas pueden traer resultados positivos para el desarrollo: la crisis es una oportunidad para el cambio.

De acuerdo con todo esto el desarrollo psíquico se puede dividir en las etapas siguientes:

Ø  lactancia (hasta 1 año)
Ø  edad temprana (hasta 3 años)
Ø  edad preescolar (hasta 6 años)
Ø  edad escolar (hasta 12 años)
Ø  adolescencia (hasta 20 años)
Ø  juventud (hasta 30 años)
Ø  adultez (hasta 60 años)
Ø  senectud (hasta la muerte)

A partir de este momento estudiaremos las características de cada etapa.

LACTANCIA (hasta el año, aproximadamente).

A partir del momento del nacimiento y hasta los 30 días aproximadamente el niño atraviesa lo que se considera una subetapa dentro de la lactancia: el periodo neonatal o de recién nacido. En este caso no profundizaremos en esta subetapa de manera separada, sino que la veremos de una manera más general, dentro de la lactancia.

El recién nacido no sólo presenta los reflejos incondicionados que permiten que funcionen los sistemas que le garantizarán la vida, sino que además presenta un grupo de reflejos que le permiten interactuar con los estímulos físicos de un medio ambiente al que se enfrenta por primera vez. Así, aparecen reflejos defensivos o protectores, que implican un rechazo o una limitación de la acción de estímulos demasiado intensos; los reflejos de orientación, que se caracterizan por una búsqueda, un acercamiento al estímulo; el reflejo de succión, que se activa con la introducción en la boca del niño de cualquier objeto; los reflejos prensil y de gateo, que responden a la estimulación en la palma de la mano y en la planta del pie, respectivamente.

Pero desde el punto de vista interno, la característica principal del recién nacido es la posibilidad ilimitada de adquirir nuevas experiencias y formas de conducta humana. Si la satisfacción de las necesidades orgánicas (alimentación, sed, sueño, etc.) se encuentra asegurada, luego del periodo neonatal deben aparecer otras necesidades que son la base del desarrollo psíquico durante la lactancia: necesidad de nuevas impresiones, de movimientos, de relación con los adultos, de afecto, etc.

Desde el punto de vista externo resulta esencial la comunicación del niño con el adulto, fundamentalmente con la madre. Esta es la actividad rectora de esta etapa.

Por una parte el adulto le va a proporcionar los estímulos necesarios para su desarrollo sensorial condición indispensable para la maduración del cerebro. El adulto contribuye a esto hablándole al niño, acercándole objetos para que mire y palpe, proporcionándole sonidos, etc.

Por otra parte el cuidado y la ayuda que el niño recibe de la madre lo conducen a establecer un vínculo afectivo con ella que después puede transferir y generalizar a  otras figuras.

Tampoco se puede perder de vista que el adulto es el responsable de la satisfacción de las necesidades orgánicas del lactante.

A partir de la interacción de estos factores que hemos mencionado aparecen logros significativos tanto en el área emocional como en el área cognoscitiva.

El primer indicador de manifestación emocional positiva lo marca la sonrisa social (alrededor del mes) como respuesta a un estimulo externo agradable (objeto, palabra de un adulto).

Otra adquisición importante en esta esfera es el complejo de animación alrededor de los tres meses. Este se pone de manifiesto cuando el niño fija la vista en un rostro y se ríe moviendo vivamente los bazos y piernas (pedaleo).

Por otro lado se produce un desarrollo de los órganos de los sentidos (oído y visión fundamentalmente) que permite la recepción de estímulos externos.

Ø  A los tres meses el niño debe fijar la mirada en un objeto o rostro, seguir objetos con la mirada en distintas direcciones y mover la cabeza hacia el lugar de donde proviene un sonido.
Ø  A los 6 meses debe reconocer la voz de una persona allegada y buscar con la vista objetos que caen frente a él.
Ø  A los 9 meses presta atención cuando escucha su nombre.
Ø  A los 12 meses debe ejecutar órdenes sencillas.

También se produce un desarrollo de los movimientos corporales

Ø  Entre los 2 y 3 meses debe lograrse el sostén cefálico.
Ø  Entre los 5 y 6 meses debe sentarse.
Ø  De los 6 meses en adelante debe gatear.
Ø  Entre los 9 y 10 meses debe pararse
Ø  Alrededor de los 6 meses se comienza a desarrollar la acción prensil, que consiste en el perfeccionamiento del movimiento de la mano hacia el objeto y en el desarrollo de la posibilidad de oposición del pulgar.
Ø  Al año aproximadamente debe lograr la marcha (tambaleante pero independiente).

Durante la lactancia se sientan las bases para el desarrollo del lenguaje.

Ø  Antes de los 3 meses el niño debe lograr el gorjeo.
Ø  Alrededor de los 5 meses en adelante aparece el balbuceo y el niño imita sonidos propios o de otras personas.
Ø  Cerca de los 9 meses debe comenzar a pronunciar palabras como por ejemplo mamá, papá y leche.

Alrededor de los 12 meses de vida se manifiesta la crisis del primer año que expresa la contradicción entre la creciente necesidad de comunicación con el adulto y las posibilidades reales para comunicarse, y el hecho de que el desarrollo del lenguaje pasivo es más amplio que el del activo. Esta crisis debe resolverse  con el dominio del lenguaje que se alcanza en la siguiente etapa.

Sexualidad:

En esta etapa el niño comienza a descubrir su cuerpo, se lo toca y descubre sus genitales y es lógico que experimente sensaciones agradables al tocarlos por las terminaciones nerviosas que se encuentran en esas zonas. No se le debe reprender en este caso sino que se le debe desviar la atención hacia un objeto.. En estos casos son los padres los que le dan una connotación a este hecho que para el niño no tiene.

Problemas de salud y medidas de promoción y prevención:

En las etapas neonatal y lactancia aparecen riesgos de que el niño presente trastornos emocionales que están determinados por las características de su relación con el adulto como por ejemplo trastornos de los hábitos de sueño y  alimentarios. El rechazo materno puede provocar que el niño rechace el pecho y la inconsistencia de la actividad materna (cuando esta oscila de los mimos a la hostilidad) puede provocar trastornos de la motilidad y trastornos psicofisiológicos como cólicos, vómitos e infecciones respiratorias. La sobreprotección ansiosa por parte de la madre puede generar ansiedad en el niño. La ausencia de la figura materna en los primeros meses de vida puede generar trastornos graves y hasta fatales como el hospitalismo.

En estas etapas también son frecuentes los accidentes. La boca es frecuentemente utilizada por los niños para explorar los objetos lo cual hace que el riesgo de asfixia por atragantamiento sea elevado en esta etapa. También se debe tener cuidado con los envases de agua y palanganas o tinas para el baño de los niños, ya que con pocos centímetros cúbicos de agua estos pueden ahogarse.

El papel fundamental en la promoción de salud y la prevención de estas enfermedades lo tiene el adulto.

Se recomienda en esta etapa intensificar la higiene personal y ambiental, vacunarlo, llevarlo a la consulta, brindarle el afecto necesario.

La lactancia materna resulta muy importante pues previene enfermedades, proporciona al niño los nutrientes especifico que necesita y es una vía efectiva de comunicación y transmisión de afecto de la madre al hijo.

Estas medidas contribuyen a evitar que aparezcan problemas de salud como las enfermedades infecto-contagiosas y evitarán también que el niño se retarde en su desarrollo emocional y psicomotor, lo cual constituye el problema de salud psicológica distintivo de la etapa.

Es importante la existencia de un ambiente familiar adecuado y estable.

EDAD TEMPRANA (1 a 3 años aproximadamente)

Al  adentrarse en la edad temprana el niño trae como premisas los logros que alcanzó durante la lactancia, una gran necesidad de comunicación y un interés creciente hacia el mundo de los objetos.

 El desarrollo de la actividad con objetos en la acción conjunta con el adulto constituye la actividad rectora de la etapa. El niño comienza a familiarizarse con el mundo de los objetos y a comprender sus funciones. Esto sólo lo puede lograr a través de la acción conjunta con el adulto quien es el encargado de responder a las preguntas primero qué es y después para qué sirve. A partir del interés que despiertan en el niño los objetos se propicia el desarrollo de sus movimientos, del lenguaje y del resto de los procesos psíquicos. Esto no quiere decir que no resulte importante la comunicación que se establece entre el niño y el adulto fuera del marco de la actividad con objetos.

En cuanto al desarrollo psíquico de esta etapa resulta significativo el desarrollo que alcanza el lenguaje, que incluye el perfeccionamiento  de la comprensión del lenguaje de los otros (esto se conoce como lenguaje pasivo) y la formación del propio lenguaje activo del niño .El lenguaje se convierte en el instrumento de conocimiento y acceso a una realidad lejana de su experiencia directa.

También en esta etapa el niño debe dominar la marcha erecta, esto amplía grandemente   sus posibilidades de contacto con el entorno y también posibilita que el niño aprenda las distancias entre los objetos y su propia disposición en el espacio.

Durante la edad temprana se comienza a desarrollar el pensamiento, en este caso se desarrolla ampliamente la modalidad del pensamiento visual por acciones: el niño piensa acerca del objeto en la medida en que realiza acciones con él. También aparece de forma incipiente el pensamiento visual por imágenes: el niño piensa acerca del objeto a partir de la imagen mental que se ha formado del mismo. Además se inicia la función simbólica de la conciencia: el niño logra separar el objeto de la acción y como resultado comienza a tener la posibilidad (de manera consciente) de cumplir una acción con objetos que no le corresponden o de utilizar un objeto para una función que no tiene (objeto sustituto).

Se desarrolla el juego por imitación.

Surge además en esta etapa el lenguaje egocéntrico: el niño durante la actividad habla para sí y esto actúa como apoyo del pensamiento visual por imágenes, haciendo expresar al pequeño su propósito con antelación a la acción práctica, previendo y regulando por lo tanto su conducta.

En la esfera emocional se produce la crisis de los tres años, (también conocida como la crisis de “yo solito”) que marca el paso a la siguiente etapa evolutiva. Esta es una crisis de identidad y constituye el indicador de que el niño ha comenzado a comprender su existencia como ser independiente y a distinguir sus necesidades y sentimientos. Aparecen comportamientos negativistas, rebeldes, caprichosos, actitudes egoístas, mayor empleo de pronombres posesivos y personales (yo, mi, mío). Esto es un indicador de que el niño esta construyendo su identidad.

Esta crisis es el primer indicador del desarrollo de la personalidad.

Para resolver positivamente esta crisis el adulto debe considerar las nuevas posibilidades del niño y otorgarle gradualmente mayores libertades, sin perder de vista que las peculiaridades de la etapa (marcha erecta, interés por conocer nuevos objetos) lo acercan a los accidentes.

Sexualidad:

En cuanto a su sexualidad el niño a los tres años comienza a desarrollar su autoconciencia y se reconoce como hembra o varón. A esta edad es posible ya reconocer si el niño logró una buena identificación sexual que manifestará en conductas adecuadas a su sexo. Los padres deben lograr una buena identificación sexual en sus hijos ofreciéndoles modelos adecuados. Los niños se interesan por las diferencias que hay entre los genitales femenino y masculino. El juego fija su sexualidad. Aparecen las preguntas, los por qué y quieren saber así, como se hicieron los niños,  cómo entraron en la barriga de la mamá, por dónde salieron, etc., cuestiones que deben responder los padres con un lenguaje comprensible para el niño.

Problemas de salud y medidas de promoción y prevención:

Durante la edad temprana los niños pueden padecer ansiedad de separación, fobias, trastornos excitatorios, pesadillas, terrores nocturnos y los tan conocidos celos y perretas (rabietas, pataletas).

No resulta extraño que los niños tengan accidentes durante esta etapa, pues su creciente interés por el mundo de los objetos y las posibilidades que le da la marcha, lo pueden llevar a situaciones peligrosas, se debe prestar atención especial a escaleras, balcones, conductores y salidas de electricidad, recipiente con sustancias tóxicas, etc.

Es importante resaltar que para evitar estos problemas no es la sobreprotección la vía más adecuada. El niño necesita explorar su medio para poder desarrollarse, sólo hay que extremar las medidas de seguridad.

Durante esta etapa el adulto debe preocuparse por el mantenimiento de un horario de vida adecuado para el niño, el control de los esfínteres, un buen manejo de los hábitos alimenticios, satisfacer sus intereses cognoscitivos y estimular el juego. Algunas de estas medidas estimularán directamente su desarrollo psicológico y otras evitarán además que aparezcan enfermedades frecuentes en esta etapa como las infecciosas.

El adulto debe además ser el principal apoyo del niño ante situaciones de estrés y riesgo.

Es importante la existencia de un ambiente familiar adecuado y estable.

EDAD PREESCOLAR (3 a 6 años, aproximadamente)

En esta etapa el niño se ve sometido a nuevas y superiores exigencias por parte del adulto, relacionadas con el aprendizaje de los roles y las normas de conducta social. En los preescolares menores (3 – 4 años) las reglas están relacionadas con la formación de los hábitos higiénicos, alimentarios, de sueño-vigilia. En los preescolares medio y mayores (4 – 6 años) debido a la propia complejidad de la actividad infantil pasan a un primer plano las reglas relacionadas con las relaciones mutuas entre los niños.

La conducta del niño debe ganar en organización y autonomía pero ya cuenta con un grado superior de desarrollo emocional  e intelectual que le posibilitan la asimilación de las nuevas exigencias.

El desarrollo de la personalidad en esta etapa se relaciona con tres aspectos fundamentales: uno es el surgimiento de nuevos motivos de conducta como son los relacionados con los intereses de los niños respecto al mundo de los adultos, los lúdricos (relacionados con el juego), los de interrelación positiva con el adulto, los de autoafirmación y autoestima, y por último los cognoscitivos.

Otro aspecto es el desarrollo de los sentimientos de orgullo y vergüenza, que aparecen ligados a la evaluación de su comportamiento que hacen los adultos.

Como tercer aspecto, tenemos que se produce un mayor desarrollo de la voluntad:

  • se desarrolla el autodominio y el control voluntario de la conducta;
  • las circunstancias externas dejan de influir gradualmente en la realización del objetivo que el niño se traza;
  • el niño adquiere la habilidad de subordinar las acciones a motivos considerablemente alejados de la acción en sí misma.

En el área intelectual específicamente también se producen grandes avances (esta etapa se conoce como edad de los ¿por qué?).

Se enriquece el lenguaje en cuanto al volumen del vocabulario, el dominio de nuevas formas gramaticales y la calidad de la comprensión. Aparece el lenguaje explicativo, necesario para la interacción con los adultos y coetáneos. Desaparece el lenguaje egocéntrico ya que sus funciones planificadora y reguladora se van internalizando.

En esta etapa se desarrolla por completo el pensamiento visual por imágenes; aumenta la capacidad de la concentración de la atención; se enriquece la imaginación y se conserva la información en memoria durante más tiempo.

La actividad fundamental o rectora en esta etapa es el juego de roles ya que posibilita todas las adquisiciones psicológicas del periodo.

En el juego de roles el niño a través de la reproducción del comportamiento de los adultos comienza a captar y asimilar las normas y roles sociales; entrena la voluntad y los sentimientos al tener que interactuar con los demás niños, tener sus opiniones en cuenta, recibir sus valoraciones, ponerse de acuerdo en el juego; realiza esfuerzos atencionales, memorísticos e imaginativos, para crear y mantener un argumento de juego; las acciones con objetos sustitutos favorecen el desarrollo del pensamiento; se entrena el lenguaje pues el niño necesita comprender y hacerse comprender en la situación de juego.

En esta etapa el adulto desempeña un papel muy importante pues no solo debe propiciar las condiciones necesarias para el juego, sino que su conducta, sus expresiones, y los valores y normas que estos llevan implícitos se convierten en un patrón para el niño.

Con la entrada a la escuela, al finalizar la etapa preescolar se produce una nueva crisis de identidad, al entrar en contacto con niños que, producto de su proceso de desarrollo, presentan subjetividades diferentes a la suya. Las nuevas exigencias sociales, emocionales e intelectuales que surgen ante el niño con la entrada a la escuela son factores que también inciden en la  crisis. Pero con una adecuada preparación por parte del adulto, antes y durante el periodo escolar, los efectos de la crisis pueden reducirse.

También es necesario señalar que en la mayoría de los niños que han estado institucionalizados desde edades más tempranas (círculo infantil, jardines de infantes, etc.) la esta crisis debe tener una repercusión menor porque estos niños han sido socializados en un ambiente que puede tener varios aspectos en común con la escuela.

Sexualidad:

En cuanto a la sexualidad imitan los roles de sus padres, continúan haciendo preguntas sobre la concepción y el nacimiento. Imitan también a los adultos en sus juegos sexuales y se hace más clara su conducta en cuanto a su rol sexual.

Problemas de salud y medidas de promoción y prevención:

Durante la edad preescolar los niños pueden presentar hiperactividad, agresividad, timidez, encopresis, perretas, etc.

En esta etapa del desarrollo el  adulto debe estimular los motivos cognoscitivos en el niño y reconocer cada vez más su necesidad de autonomía. Así mismo debe trasmitirle afecto, seguridad, confianza, elogiarlo cuando lo merezca, promover la disciplina sin utilizar la humillación como vía, mantener una buena comunicación con él, promover en él la autoconfianza.

Es importante la existencia de un ambiente familiar adecuado y estable.

También debe extremar medidas higiénicas que contribuyan a evitar que aparezcan las enfermedades infecciosas y las caries dentales que son típicos de la etapa, así como prestar atención a los accidentes que pueden producirse en el hogar y fuera de él y en las actividades de juego 

EDAD ESCOLAR (6 a 12 años aproximadamente).

En la edad escolar se producen transformaciones significativas en las condiciones externas del desarrollo. La entrada a la escuela trae consigo cambios en los sistemas de  actividad y comunicación y nuevas exigencias para el niño tanto desde el punto de vista intelectual como emocional.

Para un adecuado enfrentamiento del niño a las exigencias de la actividad y la comunicación en esta etapa resulta necesaria una preparación previa al arribo al medio escolar, dada por premisas anatomofisiológicas y psicológicas resultado del desarrollo de la personalidad en la etapa preescolar.

En cuanto al sistema de actividad debemos referirnos a las actividades institucionalizadas y a las actividades no institucionalizadas.

La actividad institucionalizada más importante es la actividad de estudio, actividad rectora en esta etapa. Ésta tiene un carácter obligatorio y planificado y su objetivo fundamental es la asimilación por parte del niño, de un sistema de conocimientos como etapa inicial de su preparación para la vida adulta. De aquí la importancia que adquiere la organización del proceso docente educativo en el desarrollo de la personalidad del escolar, tanto de los procesos cognitivos como afectivo – motivacionales y la responsabilidad de la escuela, en  conjunto con la familia, en la formación y desarrollo de su personalidad.

En la escuela el niño debe realizar también actividades extradocentes: deportivas, culturales, políticas, recreativas. Esto contribuye al desarrollo en él de intereses variados en la esfera cognoscitiva y en la motivacional.

La actividad no institucionalizada más significativa continúa siendo la de juego, pero esta se amplía y complejiza. En el escolar continúa el desarrollo del juego de roles, aunque cambia en relación a la duración, los temas que aborda y los contenidos del mismo. Aparece, además en esta etapa, el juego de reglas.

Dentro de los juegos de reglas se incluyen todos aquellos en los cuales el escolar tiene que seguir determinadas normas para el desarrollo del juego, siendo algunos ejemplos: el juego de bolas, las damas, parchís y los escondidos. Estos juegos son practicados por el niño con sistematicidad, constituyendo un factor que influye en su desarrollo moral, dada la sujeción de la conducta del niño a determinadas normas.

El juego de roles cambia en cuanto a su duración, ya que los niños pueden permanecer jugando durante mucho tiempo, o por el contrario, no invertir mucho tiempo en el juego o simplemente no jugar, aún cuando no tengan ninguna otra ocupación ni actividad que realizar.

Por otra parte, los temas que se incluyen en el juego de roles del escolar resultan más variados y trascienden la experiencia directa del niño, lo cual no ocurría en la etapa anterior. A los representantes del sexo masculino, les gusta representar profesiones heroicas como aviador, policía o bombero; mientras que a las hembras prefieren otras profesiones como doctora, maestra, etc.

En relación con el contenido del juego de roles, el escolar va a representar no sólo cualidades valiosas de otras personas, sino que incluye en el contenido sus propias cualidades, lo cual va a influir de manera importante en la formación de la autovaloración del escolar.

En cuanto al sistema de comunicación resulta oportuno hacer una breve referencia a cómo se desarrolla la comunicación del escolar con las diferentes personas que lo rodean.

En esta etapa, aparece el maestro como figura clave del desarrollo de la personalidad del escolar. Éste constituye una autoridad sagrada hasta aproximadamente el 4to grado y sus criterios influirán en el desarrollo de la autovaloración del niño; y su aceptación o rechazo en su bienestar emocional. Por ello, el papel que desempeñe el maestro en la formación del escolar será decisivo en el desarrollo del mismo.

Por otra parte el grupo escolar y la posición que el niño ocupa dentro del mismo (aspecto que a partir de cuarto grado se convierte en motivo fundamental de su conducta), juegan un importante papel en el desarrollo de la personalidad del escolar.

Los escolares aceptados por sus coetáneos, desarrollan una autovaloración  más  adecuada, así como características personológicas más favorecedoras de su desarrollo individual, en tanto los escolares rechazados pueden subvalorarse y adquirir características y rasgos negativos como pueden ser la timidez, el retraimiento, etc.

Las características que determinan la aceptación del niño en el grupo van a orientarse, más que por el éxito docente, por la iniciativa, independencia, destreza física, carácter estable y el cumplimiento de las normas de carácter social.

Con respecto a la relación con la familia se debe señalar que esta exige del escolar el cumplimiento de sus responsabilidades, fundamentalmente relacionadas con el estudio. La actitud de los padres ante la conducta del niño en la escuela contribuirá a reforzar o debilitar sus intereses por la actividad de estudio, estando relacionados muchos de los problemas del aprendizaje y/o conducta en los escolares con situaciones familiares inadecuadas (conflictos, carencia afectiva, etc.).

Veamos ahora los avances en el desarrollo psíquico que deben surgir como resultado de la interacción entre las condiciones externas y  los procesos internos del desarrollo   durante la edad escolar.

En la edad escolar surge el pensamiento conceptual. El pensamiento del escolar opera a través de conceptos científicos por lo que puede adentrarse en el conocimiento de la esencia de los diferentes objetos y fenómenos de la realidad. Para descubrir esta esencia, el niño tiene que partir de situaciones concretas, manifestando aún dificultades para diferenciar lo esencial de lo secundario, establecer comparaciones y con tendencia a dar soluciones estereotipadas.

Por otra parte, el pensamiento se apoya en procesos que operan a nivel mental y favorecen la asimilación de los conceptos científicos (comparación, análisis, síntesis, generalización, abstracción, etc.) y se vincula a la palabra, conformándose el plano del lenguaje interno.

La percepción en el escolar va perdiendo su carácter emotivo para hacerse más objetiva. Surge la observación como percepción voluntaria y consciente, posibilitando un conocimiento más detallado de los objetos y las relaciones entre estos. Se muestra una estrecha relación pensamiento – percepción.

En el escolar aumenta la rapidez de fijación y el volumen de retención de la memoria, ésta adquiere un carácter voluntario. La memoria se apoya en la utilización de medios auxiliares, siendo cada vez más lógica.

El escolar debe memorizar y establecer relaciones entre los conceptos que asimila, con sus propias palabras y en un lenguaje comprensible para los otros, expresándose así la relación memoria - pensamiento - lenguaje.

La atención adquiere un carácter voluntario, aumentando a su vez el volumen y la capacidad de concentración de la atención.

En cuanto a la imaginación (que es el proceso psicológico que posibilita al hombre la representación de objetos y situaciones que como tal no ha percibido, creando nuevas imágenes mentales y constituyendo un reflejo de la realidad, que puede materializarse), tenemos que en los inicios de la edad escolar el niño imagina de manera muy particular las relaciones de la realidad y su propio pensamiento, pudiendo sus características clasificarse en:

Ø  Realismo infantil: confusión entre lo externo y lo interno, lo objetivo y lo subjetivo. Ejemplo, cuando el niño considera que sus sueños entran y salen de su habitación.
Ø  Animismo: dotar de vida a objetos inanimados sobre todo cuando cumplen una función útil. Ejemplo, cuando el niño considera el sol vivo porque da luz.
Ø  Artificialismo: explicación que dan los niños al origen de las cosas. Comienzan por considerar que el ser humano crea todo lo natural y posteriormente señalan que las cosas devienen unas de otras por generación.

Por otra parte el escolar comienza a desarrollar un lenguaje coherente necesario para la comprensión, lo que le permite asimilar las enseñanzas que recibe y el desarrollo de la capacidad de expresar lo aprendido de manera comprensible para otros.

Comienza a utilizar el lenguaje escrito, lo que contribuye a la coherencia del lenguaje hablado. Ambos tipos de lenguajes, además de la función comunicativa, comienzan a poseer una función intelectual, al unirse pensamiento y lenguaje en tanto el pensamiento opera a través de conceptos que se definen con palabras.

En el área afectivo-motivacional resulta significativo el desarrollo de intereses cognoscitivos que se produce en esta etapa.

En los primeros grados el interés cognoscitivo está muy relacionado con la aprobación del maestro y orientado hacia el proceso de estudio. A mediados de la etapa, los niños comienzan a interesarse por el resultado, lo que se desarrolla en la medida en que el niño conscientiza sus progresos cognoscitivos y la utilidad de dichos conocimientos. En los grados terminales de la etapa, el interés no estará dirigido solamente al conocimiento de los hechos, sus causas y relaciones, sino también a la solución de determinados problemas.

También las emociones y los sentimientos se desarrollan durante la edad escolar. Durante este periodo disminuye la excitabilidad emocional y el niño logra un mayor control de sus reacciones físicas, sustituyéndolas por reacciones verbales. Además, aumenta la variedad y riqueza de sus emociones, las que se hacen más objetivas.

En los primeros grados las vivencias emocionales están vinculadas al éxito escolar, dependiendo posteriormente de las relaciones del niño con sus coetáneos y del lugar que ocupa en el grupo. A su vez, se desarrollan sentimientos sociales y morales tales como la amistad y el sentido del deber.

Los sentimientos y emociones son fuentes importantes de satisfacción afectiva para el niño, favoreciendo el desarrollo de intereses, la seguridad en sí mismo, etc.

Además los escolares presentan un mayor nivel de desarrollo de la función subjetivo – valorativa (valoración de sí mismo) de la autovaloración que de la reguladora (actuar en correspondencia con su auto percepción). El niño prefiere la valoración de los resultados por adultos, que su autovaloración acerca de los mismos.

La autovaloración en esta etapa depende de la valoración social, la cual debe valorar tanto sus resultados escolares como sus cualidades personales y su conducta en aras de fomentar el desarrollo de una autovaloración adecuada, lo que repercutirá en su vida de relación con quienes lo rodean.

La autovaloración del escolar es más objetiva, al contar con una mayor experiencia para valorar su propio comportamiento, pero aún depende en gran medida de los criterios externos.

En la edad escolar, el ideal constituye un modelo de gran significación emocional para el niño, que sirve de patrón de valoración de su propia conducta y la de los otros. Los ideales en esta etapa son concretos, siendo el modelo una persona cercana al niño y presentando además un fuerte carácter emocional, más que racional.

La característica más distintiva del desarrollo de la esfera moral del escolar es la formación de cualidades morales como motivos estables de la personalidad. Ello está estrechamente vinculado al nivel de desarrollo alcanzado por la autovaloración, así como a un mayor control de la conducta por parte del niño.

Sexualidad:

Al final de esta etapa se intensifican las relaciones interpersonales entre los sexos. Hay un mayor predominio de los grupos mixtos, heterosexuales, que en etapas anteriores. Empieza la maduración sexual, aparecen los caracteres sexuales secundarios siendo más precoces las hembras en este desarrollo.

Problemas de salud y medidas de promoción y prevención:

En esta etapa existe la posibilidad de que el niño presente trastornos de inadaptación al ambiente, rechazo a la escuela, trastornos de aprendizaje, déficit de atención, hiperactividad, agresividad, retraimiento, timidez, indisciplinas escolares, trastornos del sueño, enuresis, etc.

Por todo esto es importante que se realice un manejo social y afectivo apropiado. Se debe trasmitir al niño cariño, confianza, seguridad. No es necesario ni adecuado subestimar la capacidad de comprensión del niño, se le debe hablar y escuchar, explicarle por qué se toman determinadas medidas. Los padres deben tener en cuenta cuál es el estilo educativo más apropiado para el desarrollo del niño.

Así mismo el adulto debe conocer las preocupaciones del niño.

La relación entre la familia y la escuela debe ser estrecha.


Es importante la existencia de un ambiente familiar adecuado y estable.

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